Ganadería

La avicultura en México: entre la ciencia y los mitos digitales

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• La producción avícola exige técnica, bioseguridad y genética, no improvisación.
• El consumo de huevo y pollo sigue alto, pero la rentabilidad depende de eficiencia y sanidad.

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ZACATECAS, ZAC. — En la era de los videos virales, donde abundan las llamadas “granjas instantáneas”, la realidad del campo mexicano es mucho más compleja: la avicultura es una actividad de precisión que combina ciencia, planeación y control sanitario riguroso.

En México, producir pollo y huevo de manera rentable no depende de la espontaneidad, sino de decisiones técnicas bien fundamentadas. Instituciones como el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias establecen parámetros claros: de 8 a 10 pollos de engorda por metro cuadrado o de 6 a 8 gallinas ponedoras. Superar estas densidades, como suele verse en redes sociales, provoca estrés calórico y facilita la proliferación de bacterias.

La infraestructura también juega un papel determinante. Un galpón eficiente no es solo un techo, sino un sistema diseñado para controlar temperatura y ventilación. En climas cálidos, la altura debe alcanzar entre 2.8 y 3 metros, permitiendo la dispersión del calor. La ventilación natural elimina gases como el amoníaco, que en concentraciones elevadas puede dañar gravemente las vías respiratorias de las aves.

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En materia de alimentación, la evidencia es contundente. Aunque en internet se promueven “dietas caseras”, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura advierte que la eficiencia productiva depende de un balance nutricional preciso. Un ave requiere alrededor de 4 kg de alimento para producir 2 kg de carne, mientras que una gallina ponedora necesita cerca de 6 kg para generar 16 huevos. La clave está en la conversión alimenticia, no en recetas improvisadas.

La genética también define el éxito. Razas especializadas como la Gallina Leghorn destacan en postura, mientras que líneas como Ross o Cobb están diseñadas para producción de carne. No es cuestión de suerte, sino de elegir correctamente según el objetivo productivo.

Sin embargo, uno de los mayores riesgos para el sector es sanitario. El Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria mantiene vigilancia permanente ante enfermedades como la Influenza Aviar H5N1, especialmente durante temporadas de migración. Un brote puede significar pérdidas devastadoras.

Por ello, la bioseguridad es indispensable: uso de pediluvios, control de acceso y separación de áreas limpias y sucias. Cada persona que entra sin protocolo representa un riesgo real de contagio de enfermedades como Newcastle o salmonelosis.

En el plano económico, México se mantiene como uno de los principales consumidores de huevo a nivel mundial, con un promedio de 23.9 kg per cápita y más de 35 kg de pollo al año. No obstante, los costos de insumos como maíz y soya —que representan hasta el 70% del gasto— continúan presionando la rentabilidad del productor.

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Aunque el precio del huevo ha mostrado estabilidad en 2026, la volatilidad logística y los costos energéticos mantienen variaciones en el mercado. Ante este panorama, la clave no es producir más, sino producir mejor: con eficiencia, sanidad y control técnico.

La avicultura no es un experimento de redes sociales, sino una ciencia respaldada por décadas de investigación. Detrás de cada huevo y cada kilo de pollo, existe un sistema que garantiza alimento seguro para millones de familias mexicanas.

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