Migración
Confusión, ira y rumores
- Tras el estallido de furia contra las redadas migratorias en Los Angeles el 6 de junio, en otras 25 ciudades de los Estados Unidos se han realizado marchas de protesta
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Francisco Barradas /Especial para Mi Tierra
Iniciadas en Los Angeles, California, el 6 de junio, la ira por lo que se percibe como una crueldad contra esforzados trabajadores sin documentos se ha extendido a otras 25 ciudades del país, en 18 estados de la Unión Americana.
La acción soberana de un país que reclama respeto por sus leyes migratorias, que intenta poner orden en sus fronteras tras cuatro años de desidia, está topando con una muralla de inconformidad. Se alebrestaron los propios migrantes sin documentos; pero también levantan la voz y los puños los ciudadanos norteamericanos, por compasión muchos de éstos y por conveniencia económica otros: los Estados Unidos no prosperaría sin la fuerza laboral de los migrantes.
“Nuestros grandes granjeros y gente en el negocio hotelero y turístico han comenzado a decir que nuestra agresiva política migratoria se está llevando muy buenos y experimentados trabajadores y que es casi imposible reemplazarlos”. El jueves 12 de junio este tuit desconcertó a las redes. Su autor: el presidente Donald Trump.
Agregó en su tuit el presidente de los Estados Unidos que la errónea política migratoria de su antecesor, Joe Biden, permitió que muchos “criminales” solicitaran esos empleos en granjas y hoteles. Insistió que pondrá fuera del país a los “criminales”. Pero reiteró que cuidará de los granjeros. Y agregó, con cierto misterio: “¡Vienen cambios!”
Se pide trabajo, no dádivas
Tan solo en el estado de Nueva York, comentó ese mismo día la gobernadora de la entidad, Kathy Hochul, hay 400 mil plazas de trabajo abiertas en este momento. Y dijo que miles de empleadores están dispuestos a contratar migrantes. Pero, claro, agregó, para que esto suceda se requiere una nueva política que facilite a los extranjeros obtener permisos laborales.
Hochul expuso esto ante el comité de Supervisión de la Cámara de Representantes – la cámara baja del Congreso-, donde compareció ¡por ocho horas! junto a otros dos gobernadores del partido Demócrata, el de Illinois y el de Minnesota. El tema de la comparecencia: Las llamadas políticas santuario, que impiden a las policías locales colaborar en las deportaciones.
Por 400 años, expuso Hochul, el puerto de Nueva York ha recibido migrantes de todo el mundo. Esos individuos han venido a buscar trabajo, a prosperar, anhelantes de tener un buen lugar donde criar a sus familias. “Ellos no viajan miles de millas para depender del gobierno (…), vienen aquí a trabajar”.
Qué tantas ganas de trabajar y de contribuir han tenido esos migrantes por 400 años que hoy Nueva York, donde el 40% de su pobladores nacieron en otros países, es la ciudad más rica no solo de los Estados Unidos, sino del mundo.
Cierre de empresas
Ese mismo 12 de junio, hablé vía telefónica con Melvin -el nombre no es real; pero le ha servido para identificarse en su odisea de 25 años-; lo encontré trabajando, en San Francisco, California.
Mexicano, Melvin es un pistón de la economía norteamericana. Ha trabajado toda su vida. Y cuando se le cerraron los caminos en su patria, se cruzó a ésta. Pastor de una iglesia cristiana, prepara sandwiches para pagar su renta, mantenerse a flote y enviar remesa.
Por dos décadas ha trabajado para una cadena comercial de alimentos. Su condición de indocumentado es conocida por sus patrones; pero no lo despiden, es demasiado bueno en su oficio.
“Esta situación (las redadas) provoca ya la falta de trabajo”, comentó. Describió que en San Leandro, California, algunas empresas han preferido cerrar, porque los empleadores “tienen miedo”; los obliga “el temor de que llegue la policía migratoria y se lleven a quien puedan”.
Otra estrategia, comentó, es que los patrones están recortando personal. Aquellos sin autorización para trabajar, son dados de baja. La cuestión es que la productividad, obvio, disminuye.
Relató:
“En mi caso, por ejemplo, estoy trabajando solo yo y el hijo del dueño. Estamos sacando un negocio que regularmente tiene seis trabajadores”.
Desde la Casa Blanca se ha presionado a los mandos de la policía migratoria (ICE, por sus siglas en inglés) para que cumplan una meta de tres mil arrestos diarios. Las redadas, entonces, han incrementado. Y aunque la promesa fue que se enfocarían las deportaciones en sujetos peligrosos, con antecedentes criminales, ya en junio más y más centros de trabajo se han visto asediados.
En Omaha, capital de Nebraska, una redada en una empacadora de carne consiguió el arresto de 70 trabajadores, el martes 10 de junio. La mayoría de esos obreros son ciudadanos de Guatemala y México. Una mujer que presenció la operación, Natasha Reyes, comentó a un medio local: “Creo que nadie debería ser castigado por ir a trabajar”.
Ese mismo medio, Flatwater Free Press resumió bien el ambiente generado por esta cacería de obreros: Las redadas han provocado confusión en los centros de trabajo; furia en las calles y rumores entre la población migrante en todo el país.