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Opinión

Texas no hará milagros si Zacatecas sigue exportando barato

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  • La misión comercial puede abrir una puerta, pero de nada servirá cruzarla con los mismos costales, los mismos intermediarios y las mismas ganancias raquíticas para el productor.
  • La estrategia deberá medirse en contratos, precios y valor agregado, no únicamente en fotografías, reuniones y declaraciones.

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OPINIÓN | EL CAMPIRANO

ZACATECAS, ZAC.- El secretario de Economía de Zacatecas, Jorge Miranda, anunció una próxima visita a Pharr, Texas, acompañado de empresarios interesados en explorar oportunidades de exportación.

La noticia suena bien. Texas está cerca, tiene millones de consumidores y cuenta con una amplia comunidad mexicana que no necesita cursos de mercadotecnia para saber qué hacer con un chile guajillo, un kilo de frijol o una cabeza de ajo.

La oportunidad existe. En realidad, existe desde hace muchos años. El problema es que, mientras las autoridades anuncian nuevos mercados, el productor continúa vendiendo barato y observando cómo otros se quedan con la mayor parte de las ganancias.

También existe el riesgo de que el viaje termine como muchas misiones comerciales: con fotografías frente a una aduana, apretones de mano, sonrisas de catálogo y la promesa de que “se abrieron grandes posibilidades”.

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Posibilidades hay muchas. Compradores con contratos firmados, bastante menos.

Ojalá esta vez la delegación no regrese de Texas únicamente con sombrero nuevo y tarjetas de presentación.

El campo produce, pero otros hacen el negocio

Zacatecas no tiene un problema de falta de productos. Tiene chile seco, ajo, frijol, jitomate, uva, miel, ganado, cebolla y una creciente producción de hortalizas bajo agricultura protegida.

Lo que no ha logrado construir es una cadena exportadora sólida que permita vender directamente, cumplir estándares internacionales, empacar dentro del estado y conservar una mayor parte del valor generado.

Dicho de otra manera: el campo zacatecano produce, pero otros hacen el negocio.

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Las cifras oficiales muestran el tamaño del problema. Durante el primer trimestre de 2026, Zacatecas exportó mercancías por mil 674.8 millones de dólares, lo que representó un crecimiento anual de 56.4%.

Hasta ahí, todo parece motivo para echar las campanas al vuelo.

El problema aparece cuando uno pregunta de dónde salió ese dinero.

El sector agropecuario aportó apenas 21.7 millones de dólares, equivalentes a 1.3% de las exportaciones 

estatales. Además, las ventas internacionales del campo disminuyeron 4.2% respecto al mismo periodo del año anterior.

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Quien está cargando las exportaciones zacatecanas no es el frijol, ni el chile, ni el ajo. Es la minería, que concentró más de 71% del total.

Conviene, entonces, bajarle dos rayitas al discurso triunfalista: Zacatecas exporta mucho, sí, pero el campo participa poco.

La contradicción es tan grande como un costal de frijol de 50 kilos. El estado presume estar entre los principales productores nacionales de frijol, chile seco, ajo y uva industrial, pero esa fortaleza todavía no se refleja en una presencia importante dentro de los mercados internacionales y mucho menos en los bolsillos de los agricultores.

Aquí aparece una de esas verdades incómodas que difícilmente llegan a los boletines oficiales: producir mucho no significa ganar mucho.

El productor pone el riesgo; otro pone la etiqueta

Durante décadas se ha celebrado que Zacatecas sea líder en distintos cultivos. Cada cosecha llegan los discursos, las cifras récord y las fotografías entre los surcos.

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Después, cuando el productor pregunta por el precio, comienzan los silencios.

Buena parte de la producción se vende a granel, sin clasificación, sin marca y con escaso valor agregado.

El agricultor siembra, invierte, solicita créditos, enfrenta heladas, sequías, granizadas, plagas y precios inciertos. Luego aparece alguien más que limpia, selecciona, empaca, etiqueta y distribuye.

Curiosamente, ese otro suele quedarse con la parte más sabrosa del negocio.

Bondades-del-ajo

El productor pone la tierra, el agua y el riesgo. El intermediario pone la etiqueta. Adivine quién gana más.

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Ese modelo no cambiará por el simple hecho de atravesar la frontera. Mandar un costal de chile a Texas no lo convierte automáticamente en un gran negocio internacional. En ocasiones solamente significa que el mismo costal recorrió más kilómetros.

Exportar tiene sentido cuando el precio obtenido cubre la selección, el empaque, el transporte, las certificaciones, el almacenamiento, los trámites aduaneros y las comisiones, y todavía deja una utilidad razonable para quien produjo.

Por eso, la pregunta importante no es cuántas toneladas podrían enviarse a Estados Unidos.

La pregunta es cuánto dinero regresará al bolsillo del agricultor después de que todos hayan cobrado su parte.

Faltan datos para conocer el beneficio real

Existe otro asunto que debe aclararse. Hasta ahora no hay una relación pública, detallada y actualizada que permita saber cuántos productos agropecuarios exporta realmente Zacatecas, qué volumen se comercializa, cuáles son sus destinos, qué empresas realizan las operaciones y cuánto reciben los productores.

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Se habla de exportaciones agroalimentarias, pero dentro del mismo costal estadístico se meten cerveza, vino, mezcal, alimentos procesados y productos primarios.

El resultado es una cifra grande y atractiva para el discurso, pero poco útil para conocer qué está pasando con el agricultor que produce chile en Fresnillo, frijol en Sombrerete o ajo en Villa de Cos.

Tampoco se puede presentar cada exportación como si hubiera nacido dentro de una oficina gubernamental.

Los productos pertenecen a agricultores, ganaderos, apicultores, organizaciones y empresas que invierten y asumen los riesgos.

El gobierno puede hacer mucho: facilitar certificaciones, abrir contactos, ofrecer capacitación, financiar infraestructura y acercar compradores.

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Lo que no debería hacer es colgarse una medalla antes de que comience la competencia.

En el caso de la misión a Texas, todavía no existen resultados atribuibles. Primero debe realizarse el viaje. Después habrá que revisar si aparecen compradores, cartas de intención, contratos, volúmenes y precios.

Lo demás corre el riesgo de convertirse en turismo institucional con viáticos pagados por nosotros, el pueblo, el sabio pueblo.

Chile, ajo y frijol tienen posibilidades

Zacatecas sí cuenta con productos que podrían encontrar oportunidades reales en Texas y otros mercados estadounidenses.

El chile seco probablemente sea uno de los candidatos más fuertes. Tiene una vida de anaquel prolongada, demanda entre consumidores mexicanos y no necesita la misma cadena de refrigeración que una hortaliza fresca.

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Pero debe dejar de venderse como si todos los chiles fueran iguales.

El mercado paga por variedad, tamaño, color, humedad, limpieza, inocuidad y consistencia. No basta con llenar el costal, amarrarlo y encomendarse a la Virgen.

Para exportar chile con mejores márgenes será necesario clasificarlo, certificarlo, empacarlo y comercializarlo con identidad propia.

El ajo también tiene posibilidades. El estado sabe producirlo y cuenta con regiones especializadas. Sin embargo, Estados Unidos no compra discursos sobre liderazgo nacional: compra bulbos uniformes, limpios, trazables y entregados en la fecha acordada.

El mercado internacional tiene la mala costumbre de exigir calidad.

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El frijol representa otra oportunidad natural por la cercanía cultural con Texas y la presencia de millones de consumidores de origen mexicano. Pero venderlo a granel reproduciría exactamente el mismo problema de siempre.

El zacatecano produce frijol; alguien más lo limpia, lo embolsa, le coloca una marca con un ranchito dibujado y lo vende varias veces más caro.

La verdadera oportunidad está en exportar frijol seleccionado, empacado y diferenciado por variedad.

Zacatecas debería construir una marca regional que permita al consumidor reconocer su origen y calidad. Un “Frijol de Zacatecas” bien posicionado valdría más que un costal anónimo que cambia de identidad en cuanto cruza la bodega de un intermediario.

Las hortalizas no entienden de improvisaciones

También existen posibilidades para el jitomate, tomatillo, cebolla, chile verde, pepino y pimiento morrón, especialmente cuando se producen bajo invernadero.

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El inconveniente es que las hortalizas frescas no entienden de improvisaciones.

Necesitan programación de cosechas, centros de selección, cuartos fríos, transporte refrigerado, trazabilidad y certificaciones de inocuidad.

No se puede llamar al comprador el lunes para decirle: “Nos salieron veinte toneladas de tomatillo, ¿no se le ofrecen?”.

El comercio internacional exige volúmenes constantes, calidad uniforme y calendarios precisos. El comprador no espera a que el productor vea cómo viene la cosecha ni a que el gobierno termine de organizar la siguiente reunión.

La miel podría convertirse en otra alternativa, sobre todo para pequeños productores.

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Sin embargo, también aquí aparece la tentación de vender a granel y permitir que otro estado, país o empresa envase, etiquete y capture el valor.

Parece que en Zacatecas existe una extraña afición por hacer la parte difícil del trabajo y regalar la parte rentable.

La miel debería comercializarse envasada, con trazabilidad, análisis de calidad, identidad regional y acceso a nichos especializados. No solamente como un líquido anónimo dentro de un tambo.

El ganado requiere cautela sanitaria

El ganado bovino merece un capítulo aparte.

Zacatecas cuenta con experiencia exportadora y capacidad productiva, pero las restricciones sanitarias relacionadas con el gusano barrenador mantienen limitada esta actividad.

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Prometer exportaciones inmediatas sería más un acto de fe que una estrategia económica.

Lo responsable es mantener la vigilancia sanitaria, mejorar la trazabilidad y tener organizada la cadena para cuando el mercado pueda reactivarse.

Porque también sería muy nuestro que finalmente abrieran la frontera y descubriéramos que faltan documentos, aretes, certificados o acuerdos entre dependencias.

Una armadora no resolverá el precio del frijol

El secretario Jorge Miranda también habló de buscar la llegada de una armadora de vehículos eléctricos.

Que venga. Nadie se opone a la inversión, al empleo ni a la diversificación económica.

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Pero una armadora no resolverá el bajo precio del frijol, la falta de cuartos fríos, la ausencia de centros de empaque ni la dependencia de los intermediarios.

Una planta de vehículos eléctricos puede ser una buena noticia industrial. No es una política agroexportadora, aunque ambos temas aparezcan juntos dentro del mismo discurso para que el anuncio suene más grande.

La misión deberá medirse con resultados

La misión comercial a Texas deberá evaluarse con resultados concretos:

Cuántos compradores fueron contactados, cuántas cartas de intención se firmaron, qué productos fueron solicitados, qué volúmenes podrían venderse y qué precio recibirían los productores.

También deberá informarse qué empresas participaron, cuánto costó el viaje y qué compromisos asumió cada una.

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La transparencia es necesaria porque las “oportunidades históricas” tienen una curiosa costumbre: se anuncian con bombo y platillo, pero rara vez se publica cómo terminaron.

Si la delegación regresa únicamente con fotografías, diplomas de participación y decla

 

raciones sobre un “gran interés de los inversionistas”, estaremos frente a otra gira de buenas intenciones.

 

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Y de buenas intenciones, como dice el refrán, está empedrado el camino. En este caso, el camino hasta Texas.

Zacatecas no necesita presumir que puede exportar. Necesita demostrar que puede hacerlo con rentabilidad.

El verdadero cambio llegará cuando sus productos dejen de salir hacia otros estados para ser limpiados, seleccionados, empacados y revendidos con una identidad distinta.

Cuando el chile, el ajo, el frijol, la miel y las hortalizas crucen la frontera con nombre zacatecano, valor agregado y contratos que beneficien al productor.

Texas puede abrir una puerta, pero Zacatecas debe decidir cómo quiere cruzarla.

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Puede hacerlo cargando los mismos costales, acompañado por los mismos intermediarios y regresando con las mismas ganancias pequeñas.

O puede construir una estrategia basada en organización, calidad, trazabilidad, infraestructura, negociación directa y valor agregado.

La diferencia entre una gira política y una política de exportación no estará en las fotografías tomadas en Texas.

Se verá en los contratos firmados, en los dólares que ingresen al estado y, sobre todo, en el precio que finalmente reciba quien sembró, cuidó y cosechó el producto.

Porque si todos ganan con la exportación, menos el agricultor, entonces no abrimos un mercado.

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Solamente alargamos la cadena de intermediarios.

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